De Lavagna al Callao. Diario de a bordo de un emigrado italiano. (Part. 5)

Publicamos el quinto capítulo de un diario de a bordo enviado por Alfredo Passalacqua, navegante de larga experiencia residente en Trujillo, a la revista Gens Ligustica in Orbe de Génova. El documento pertenecía a Alejandro Marini Flores, hijo de Silvio Marini, uno de los once que componían el grupo de lígures de Chiavari que en 1922 viajaron del puerto de Génova al Callao, donde arribaron luego de un mes y seis días de navegación.

De Gibraltar a Tenerife, 25 de agosto de 1922

Solamente hoy luego de seis días de nuestra partida hemos encontrado un poco de mar movido. Por tanto comienza el entrenamiento de los gatitos, adiós ratones.

La bazzina disminuye. Casi todos los pasajeros están recostados, contrariamente a los otros días ninguna mujer teje, todas tratan de dormir para sufrir menos.

La señora de Giovanni y la Fiumana resisten muy bien. Maria y la Croata están concentradas en mecer a los bebes. El cubre cuna de Maria está ya operativo. Por ahora los gatitos están con los ojos cerrados todavía, hay de todos los colores.

El pequeño Minghitto se divierte con el papá, un hermano del doctor Sambuceti de Chiavari regala dos cigarros a Giovanni que terminan en el bolsillo de Giulin. Casi todos se acuestan. Un árabe canta, puede rebuznar cuanto quiera, un amigo suyo es sacado porque nadie lo comprende. Minghitto practica box en la nariz de Giulin.

Hoy tengo poco o nada que contar puesto que están todos recostados sea en las sillas que en el piso. Maria y la Croata no han comido casi nada. La señora de Graveglia nos trae los bistec de siempre que devoramos con verdadero placer. Antes de dormirnos en las durísimas literas Manuelo declama en pura lengua cogornese entre las risas de quienes escuchan. Si bien nuestras camas no son suaves nos dormimos mecidos por el mar siempre movido, alguno sueña con San Bernardo…

Directos a Tenerife, 26 de agosto de 1922

Nos despertamos cerca de las 6, todos nos quejamos de la rotura de algún hueso… ah, benditas las camas que dejamos… pero paciencia.

Con un poco de Fernet nos despertamos completamente y subimos a cubierta, donde encontramos nuestros puestos ocupados, por lo que cambiamos de ubicación… con nuestra sorpresa vemos que el vapor se sacude por todos lados. Nos reunimos todos y nos ponemos en el siguiente orden: Manuelo, la croata y la hermanita, Giovanni y Minghitto, Colomba, Anna (suegra de Giovanni), Maria, Virgilia (la señora de Giovanni), Angelo, Natalin, Pippo y Silvio. En nuestros pensamientos nos deseamos un buen día. Los gatitos comienzan a abrir los ojos, estamos escogiendo una docena para enviarlos a Lavagna, porque allí escasean. Maria, la croata y la señora de Giovanni siguen meciéndose. Mañana, domingo, contamos con llegar a Tenerife, en tanto los pasajeros crecen, la barba crece, el mar crece, crece también la distancia de nuestros seres queridos, parece que no llega nunca la hora de arribar a Tenerife para enviar nuestras cartas. Llegamos al puerto de Tenerife a las 7 de la mañana del 27 de agosto de 1922. Bajamos a tierra Manuela, la fiumana, la croata y yo. La plata vuela. Giulín es ya un americano, ha preferido quedarse a bordo.

Tenerife, 27 de agosto de 1922

Luego de cinco días de navegación esta mañana hacia las 6 se escucha un grito: “¡Tierra! ¡Tierra!”. Avistamos una isla, a las 7 estamos en la rada de Tenerife. La croata, la fiumana, Manuelo y Silvio se van a dar una vuelta por la ciudad: no hay nada, los negocios están cerrados porque es domingo, donde un bodeguero cambiamos algunas monedas italianas por pesetas; entramos a un bar donde preparamos mucha correspondencia para enviar. Solo a nuestra “Reschin” le enviamos tres cartas y una postal; entre cartas y postales enviamos veinticinco. Un poco de movimiento se nota en el mercado, donde, entre otras cosas se encuentra buena fruta a buen precio. A las 10:30 estamos almorzando: pasta seca, frijoles y carne, un poco de fruta del lugar. Luego Giovanni nos hace voltear a todos de un solo golpe destapando una botella de un buen vino que le regaló su cuñado, con placer bebemos a su salud. “Viva u Pitta!”. A las 16:30 partimos de Tenerife rumbo a la isla de Barbados. Comenzamos la travesía más larga comiendo: unos toman una silla otros se sientan en el piso, nos metemos un atracón de menestras, frijoles y carne, luego Maria prepara un abundante plato de tomates con cebolla, Silvio y Giovanni tienen que desajustarse las correas de los pantalones. Todos a bordo dicen que lo agarramos por detrás… al mar, no confundamos, pero el vapor se balancea un poco. A algunos les salpica un poco de agua, todos se ríen; la fiumana que apenas se había acomodado en su camarote es literalmente envestida por una ola: solo así se da cuenta que no había cerrado la ventana.

Para pasar más rápido la tarde, Giovanni cuenta algunos chistes, pero cuando destapa otra botella de buen vino, bebemos nuevamente a la salud du Pitta y nos acostamos, mientras que a bordo es descubierto uno de Tenerife que se las había ingeniado para viajar gratis.

(Continuará)

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