De Lavagna al Callao. Diario de a bordo de un emigrado italiano. (Part. 4)

Emigrazione italianaPublicamos el cuarto capítulo de un diario de a bordo enviado por Alfredo Passalacqua, navegante de larga experiencia residente en Trujillo, a la revista Gens Ligustica in Orbe de Génova. El documento pertenecía a Alejandro Marini Flores, hijo de Silvio Marini, uno de los once que componían el grupo de lígures de Chiavari que en 1922 viajaron del puerto de Génova al Callao, donde arribaron luego de un mes y seis días de navegación.

Gibraltar, 24 de agosto de 1922

En el momento en el que escribo estoy sentado frente a Colomba, a la señora de Giovanni, a Maria, a una croata llamada Elena (a la cual trato de enseñarle italiano) y a una fiumana que en estos momento está tejiendo un pañuelo para mí. Maria está tejiendo un cubre cuna, piensa a tiempo en el futuro. La señora de Giovanni está tejiendo un posavaso. Colomba se ha puesto los lentes y está leyendo una novela (En busca de una esposa), Giovanni está fumando y escucha a Giulin que habla del soldado. Pippo y Natalin se divierten con el pequeño Minghitto, Manuelo está pensando quizá en Brecanecca…

Yo, entre una ojeada a uno y otro, estoy escribiendo. La croata está en estos momentos hablando su lengua, yo naturalmente no entiendo nada. Hasta el día de hoy hemos encontrado un mar calmadísimo, por ello los gatitos a bordo todavía no se dejan ver. Justo ahora un marinero que debe hace limpieza nos pide que nos levantemos y nosotros pacientemente lo hacemos con nuestras sillas y de la sombra en la que estábamos vamos a parar en el sol.

Variando de puesto también varían las ocupaciones: Giovanni lee inglés, Angelo ha terminado de hablarle del soldado y fuma, Colomba ha dejado de leer, la croata y la fiumana juegan a tela, Pippo duerme, Manuelo sigue pensando; María, la señora de Giovanni y yo estamos ocupados en los quehaceres de antes. María me está fastidiando diciéndome que me afeite, yo sigo en lo mío escribiendo algunas tonterías. En este momento se está acercando una bella señora que tiene un marido viejo, da una ojeada al tejido de María y sigue su camino. Manuelo ha dejado de pensar y comienza a hablar, pero yo no se de qué habla.

A bordo alguien toca un instrumento pero nadie baila, esperan más bien bailar cuando el mar se ponga bravo. Tres o cuatro niños lloran, adiós música. La fiumana le gana a la croata en la tela, Colomba da un libro de iglesia a Angelo para que lea, sonríe y hace finta de leer. María de nuevo vuelve con lo de la barba, yo tengo una bazzina de diablo, Angelo quizá más aún.

En Marsella tuvimos una baccata en Barcelona otra… En esta última bella ciudad nuestra lira vale veinticinco centésimos, pobre de nosotros… Manuelo y yo hemos nominado a Angelo como nuestro cajero, si vieran qué duro… seremos americanos antes de tiempo. Angelo y Manuelo se ponen a leer el español, pero se han metido en un rincón para que nadie los escuche porque de otro modo…

En los alrededores del estrecho de Gibraltar, la palabra la tiene Giovanni que cuenta americanadas; Angelo, Manuelo y Colomba aprueban riendo. Maria, la señora de Giovanni y la croata están concentradas en sus tejidos. La fiumana y Natalin lavan un poco de ropa. Minghitto se sube a mis pies para bromear con el papá. En este momento dejo de escribir para ir a conocer a una bellísima señora a la cual saludo a nombre de mi tío, el doctor Ballerini. Ella viaja en primera clase y promete de venir a encontrarme en tercera para conversar un poco juntos.

Aquí estoy otra vez. La señora de Giovanni está ideando un nuevo juego que yo no conozco, María y Giulin juegan a tela, Giovanni lee inglés, Colomba duerme, Manuelo me mira. A la fiumana y Natalin no los veo, quizá deben estar lavando todavía….

Pippo descansa, la croata sigue tejiendo… espero que ese tejido termine en mis manos. En media hora comeremos la pasta seca, qué pena que será poca.

La fiumana viene y me acaricia con las manos mojadas, quiero pensar que están mojadas de agua… Llega Natalin con un largo bostezo. Qué vaina… Colomba se despierta y dice que soñaba con ser la Madonna della Neve. Maria derrota a Angelo en la tela. Angelo preferiría hablar de soldado que jugar. Pasa frente a una bella siciliana de ojos negros pero el papá de barba larga la sigue.

A bordo se nota un fuerte movimiento parece que se acerca la hora del almuerzo. El almuerzo termina en doce minutos y medio, tenemos hambre todavía pero en una hora una señorita de Graveglia traerá un bistec a Angelo, Manuelo y Silvio, el trío de hambrientos.

(Continuará)

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